Nacho Rímini. Memoria y visión de Funes

Nacho Rímini nació un par de años antes que Funes dejara de ser oficialmente un pueblo. Poco después, cuando su madre Maíta lo esperaba a la salida del jardín Gatitos, por calle Pellegrini, su tío Juvenal  ya era uno de los primeros concejales de la flamante ciudad. Detrás de esa escena en un rol no menos protagónico estaba su padre Horacio, quien en tiempos de menemismo empezaba a construir una estrategia para que el partido radical pudiera acceder al gobierno municipal.  “Mi papá era el armador del espacio político”.

La historia personal de Nacho Rímini se cruza por periodos con la historia de la ciudad. “Para mi no era fácil ser hijo de un político. Todos en Funes conocían a mi familia, con mi tío y mi papá en funciones públicas siempre teníamos mucha exposición. Para ellos estaba bien, pero yo no quería que mi vida cotidiana se mezclara con las cuestiones políticas”, dice el hombre que ahora tiene su foto en cientos de carteles columneros por toda la ciudad.

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Con sus amigos del jardín, Nacho siguió la escuela primaria en el Colegio María Auxiliadora, “hasta 9° año porque estaba el sistema antiguo de la EGB”, y con los mismos amigos estudió los tres años de secundaria en el Instituto Nazaret. De esos tiempos menciona a la seño Gladys “que vive a dos cuadras de la casa de mi mamá”, a Marta Angelomé la profe de didáctica, y al profe Buffarini “que tuvimos la suerte de tenerlo en primaria y secundaria porque daba en las dos, entonces fue nuestro maestro de educación física de siempre”. Pero quien tuvo una influencia decisiva en su futuro próximo fue “un profesor que se llamaba Luis Maestretta que daba Economía y Gestión de las organizaciones y me gustaba las clases de economía que daba, hablaba de la oferta y la demanda, de la competencia, y a mi me gustaba”.

“Me acuerdo del viejo voto sábana que se repartía en sobres. Mi papá, mi hermana, mi tío César y yo nos juntábamos a ensobrar los votos y yo después salía a repartirlos”. Antes de terminar la secundaria, Nacho participó en las actividades de la campaña de 2003 en las que su tío Juvenal se presentaba de candidato a intendente. “Le jugué una apuesta a la hija del chivo Miguez, a Flor, que tenía un año menos que yo”.

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En los primeros años de este siglo Nacho Rímini entró a la Facultad para estudiar la licenciatura en Ciencias Económicas en la UNR, Juvenal Rímini resultó elegido intendente de Funes y Horacio Rímini fue concejal.  Néstor Kirchner gobernaba en el país mientras en el jardín de la provincia el espacio “armado” por su padre cosechaba éxitos electorales y desplegaba desde el ejecutivo una gestión progresista y eficaz.  “Mi tío fue un intendente dialoguista, cualquiera podía acercarse y hablar con él. Su oficina tenía una ventana a la calle, la gente pasaba y golpeaba, y si no estaba en una reunión les decía que entrara. Fue una intendencia transparente en todo sentido. Era un intendente honesto, que no te vendía espejitos de colores, siempre decía lo que se podía hacer y también lo que no se podía hacer en ese momento”. Un estilo que los vecinos recuerdan con afecto y contrasta con las gestiones posteriores.

 

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Mientras estudiaba, Nacho colaboró con su padre en el concejo redactando ordenanzas y decretos durante los ocho años (2005/2013) que Horacio Rímini ocupó su banca (“yo no cobraba, eh”). Fue una etapa de aprendizaje que le dio un conocimiento amplio de los problemas que enfrentaba una ciudad en crecimiento constante. En los últimos dos años de ese periodo, Horacio fue además presidente del cuerpo deliberativo.

Luego de terminar la licenciatura, Nacho Rímini ingresó a la docencia en la cátedra de Economía Política en la Facultad de Derecho de la UNR. Tras un breve paso por la función pública como coordinador de empleo en la gestión de Mónica Tomei, enfrentó su primera experiencia en las urnas, acompañando como candidato a concejal  la candidatura al ejecutivo del Dr. Eduardo Casim.

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Los resultados de esos comicios de 2015 tuvieron para él un sabor agridulce. Había obtenido su banca en el concejo, pero las expectativas de ganar la intendencia se frustraron. Por entonces su tío Juvenal había dejado la participación activa en la política para dedicarse en exclusiva a su profesión de médico y su padre atravesaba delicados problemas de salud. Las diferencias internas con Mónica Tomei habían debilitado el espacio y ya no había “armador”, pero aún así un grupo sólido de trabajo continuó participando en el sector en su rol de oposición.

Nacho no tuvo mucho tiempo para adaptarse a sus nuevas funciones. Diez días después de asumir el cargo, el intendente Barreto y los concejales peronistas y del PRO impulsaron una excepción para permitir la construcción de edificios en altura. Con los votos asegurados, la aprobación del expediente se realizó sin debate público y con un tratamiento abreviado. La voz de Nacho Rímini fue la única que se escuchó en el recinto contra el proyecto.  Fue el acto inaugural de un ejercicio que lo posicionó como una alternativa diferente ante una gestión del ejecutivo que califica de “desidia y abandono”.

 “La ciudad no es la misma que gobernó mi tío. Yo no me pienso como una continuidad de su proyecto, porque el contexto es distinto. Rescato su estilo transparente, su honradez, su capacidad de diálogo y tengo una visión de Funes hacia el futuro. La ciudad tiene que conservar su perfil residencial, con espacios verdes, que hizo que muchas familias la eligieran para ver crecer a sus hijos y al mismo tiempo generar oportunidades de empleo, de entretenimiento, comerciales para que la gente pueda hacer la mayor parte de su vida en Funes”, resume.

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¿Y tu hermana qué opina? “A ella no le interesa la política, pero me apoya. Y yo la escucho porque tiene una mirada más externa que la mía, desde el arte” (se ríe). Belén Rímini es licenciada y profesora de bellas artes, título que obtuvo con uno de los mejores promedios universitarios de la provincia. A Belén, como a Nacho en aquellos años de colegio, le incomoda la exposición pública, así que aquí termina toda referencia.

En las elecciones a concejales de 2017 Nacho Rímini tomó el timón de la nave y la condujo a la elección del concejal Pedro Giantenaso. Era un momento de apogeo de la marca Cambiemos y la candidatura desde el Frente Progresista atravesó con relativo éxito el contexto adverso y un proceso interno competitivo.

Las elecciones primarias de abril posicionaron a Nacho Rímini como seria alternativa para suceder al intendente León Barreto. Para eso deberá superar ahora al candidato del peronismo Roly Santacroce, que va por su segundo intento de acceder al cargo. Aunque Santacroce parte con una ventaja de poco más de 400 votos, Rímini confía en que su mensaje, sus propuestas, su comportamiento político, su equipo y la participación de los vecinos lo lleven a la intendencia. “Mi sueño es que la gente de Funes viva feliz”, afirma. También era el sueño de su padre.

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