El modelo peronista de Funes: la ciudad como negocio

Recalificar suelo y trangredir las normas de edificación para facilitar negocios particulares de los desarrolladores inmobiliarios y concesionar espacios públicos para usos privados con fines lucrativos son la base del modelo de gestión que se empieza a vislumbrar para el próximo periodo peronista en el gobierno local.

En sus últimos días como concejal el intendente electo Santacroce impulsó la aprobación de un nuevo emprendimiento inmobiliario con edificios en altura, la ordenanza que establece el estacionamiento medido en las calles del centro y la actualización de la ordenanza que lo facultará a concesionar espacios públicos para iniciativas de negocios privados.

La recalificación de suelo implica pasar áreas que el plan regulador establece como destinadas a equipamiento o zonas rurales a áreas urbanas para viviendas con un alto beneficio económico para los titulares de esas tierras y promotores de los proyectos inmobiliarios. Esta recalificación va acompañada con la aprobación de excepciones a las normas de edificación que permiten la construcción de edificios en altura y una mayor ocupación del suelo.

La regulación restrictiva vigente sobre el uso del suelo y la ausencia de un plan estratégico de desarrollo urbano en Funes  es una de las condiciones que favorece las decisiones discrecionales que los concejales y el ejecutivo toman para habilitar nuevos emprendimientos. Los inversores tienen así que desplegar  una intensa acción de lobby para que los políticos aprueben sus proyectos. La falta de transparencia en estos procesos alimenta las sospechas de que los beneficios particulares no son sólo para los inversores. Por eso tal vez los políticos estarían haciendo pocos esfuerzos para debatir un plan estratégico que establezca reglas de juego claras para todos los actores.

Como contrapartida por la revalorización de la tierra y su explotación comercial, el Municipio obtiene aportes de los desarrolladores para la realización de obras públicas, lo que reviste a la operación de un dudoso interés público que se argumenta como legitimación de los permisos que se otorgan al privado.  Un modelo “win win” dicen algunos. Todos ganan, gana el inversor, gana la ciudad y ganan los políticos que pueden exhibir obras en su gestión.  Pero más allá de la superficie de un negocio para todos, los vecinos observan impávidos como una ciudad con grandes carencias de servicios e infraestructuras se va densificando, va perdiendo su identidad y se va transformando en un suburbio que crece desordenadamente por impulso de voraces intereses inmobiliarios y la complicidad de los actores políticos implicados.

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